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Fronteras adentro II

Los días en la frontera con Bolivia

Los días en la frontera con Bolivia

Sequedad, altura y una relación siempre compleja con los vecinos del altiplano. Colchane y Cariquima, tras la detención de los nueve extranjeros.

Carabineros realizando un control de rutina en una de las explanadas de la frontera, cerca de Colchane, Región de Tarapacá.

Actualizado el

24/03/2017

Autor: Alejandra Lobo.

Flora Aguirre vive hace 35 años en Cariquima, Región de Tarapacá, a pocos kilómetros de la frontera con Bolivia. Y junto a su familia subsiste gracias a los cultivos de quínoa y a un pequeño negocio, en el cual las 130 familias que residen en la localidad se abastecen de productos básicos. Es una férrea defensora de su cultura y del pueblo que la acogió, pero está preocupada por los hechos delictuales que, según dice, los complican a diario. Sólo a ella le han sustraído dos vehículos. No sabe quién. Sólo que se los robaron.

A 226 kilómetros de Iquique y a casi 4 mil metros sobre el nivel del mar, Cariquima se ganó hace algunos años la fama de ser un paso obligado para los contrabandistas de vehículos a Bolivia. Pero hoy, los problemas son otros. La reciente detención en Panavinto, una de las zonas limítrofes con Bolivia, de dos militares y siete aduaneros de ese país, quienes fueron formalizados por robo con intimidación, entre otros delitos, alteró los ánimos en Cariquima.

“Este ingreso de militares bolivianos no es aislado. Una vez llegaron hasta la plaza, con escopetas”, asegura Flora.

Varios residentes de este poblado relatan más incidentes. “Hemos tenido robos de camiones y de autos. Sólo contamos con la ayuda de Carabineros. Y ahora sumamos que hemos pillado a muchos militares bolivianos en nuestro territorio. Tenemos que andar cuidando hasta nuestras llamitas”, cuenta Eugenio Challapa, de 74 años, ganadero.

Antonio Moscoso, presidente de la única junta de vecinos de Cariquima, evita hacer acusaciones. Dice que la localidad ha cambiado. Que se ha modernizado, con teléfono, conexión a celulares y radio. Celebra que haya un puesto militar y la perspectiva de que pronto poseerán energía eléctrica durante las 24 horas. “Los mayores problemas los tenemos con el paso de algunas personas”, cuenta, indicando hacia la frontera.

Vivir en la comuna de Colchane no es fácil. Fuera de las condiciones geográficas, la lejanía con la capital de la Región de Tarapacá y el aislamiento, han tenido que enfrentar una constante migración de sus residentes hacia los centros más poblados, principalmente Alto Hospicio. Allí sus jóvenes buscan continuar sus estudios y oportunidades de empleo. Ahora, los residentes son más bien adultos mayores y turistas.

Esa realidad la conoce el alcalde de Colchane, Javier García. “Tenemos un gran tránsito de personas por el paso fronterizo, flujo de camiones y vehículos por el comercio con Bolivia desde la Zona Franca. Esa condición también está asociada al ingreso de ilegales, contrabando y tráfico de drogas. Nos sentimos estigmatizados y abandonados. Queremos cambiar esa realidad”, explica.

A juicio del edil, se necesita reforzar la labor policial en la zona. “Contamos con un grupo de carabineros que hacen todo lo posible con los medios que tienen a su alcance. Pero lo que pasó en Panavinto no es nuevo para nosotros”.

No todo es malo, eso sí. El flujo comercial entre las localidades fronterizas de Chile y Bolivia también es parte del día a día. “No reclamamos contra eso, pues todos somos hermanos de la misma comunidad aymara, pero los abusos y los robos en contra de los residentes no se pueden tolerar”, subraya el alcalde.

El subprefecto rural fronterizo de Carabineros, teniente coronel Cristián Alarcón, explica que ya hace años que se reforzó el despliegue en la zona, para fiscalizar los 14 pasos no habilitados que tienen en los 170 kilómetros de frontera que resguardan: “Tenemos un trabajo permanente con las comunidades, especialmente en Colchane. Hemos establecido lazos y medios de comunicación directo con ellos, lo que nos permitió, por ejemplo, en Panavinto, actuar rápidamente, llegar al lugar y detener a los militares y aduaneros en suelo chileno”.

El oficial policial precisa que la frontera presenta los delitos propios de un área transnacional, fundamentalmente ligados al tráfico de drogas, la trata de personas, paso de vehículos ilegales y el contrabando de productos, que van desde aves exóticas hasta millonarios cargamentos de cigarrillos.

La PDI, en tanto, ha ejecutado una labor a través de un Equipo Antinarcóticos Frontera (Efron), un grupo especializado creado como experiencia piloto para el combate del narcotráfico.
En Colchane y Cariquima, por ahora, el aire sigue enrarecido.

Una iglesia de Cariquima, Región de Tarapacá.

Una iglesia de Cariquima, Región de Tarapacá.

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Fuente: La Tercera

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