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Socio-narco II

El sigiloso vuelo de la sombra narco

El sigiloso vuelo de la sombra narco

Del editor Por debajo de los grandes temas nacionales, el narcotráfico deja su marca cotidiana.

27/03/2017

Héctor Gambini

El paro docente, las marchas, los piquetes. El paro de la CGT, las marchas, los piquetes. Las mil y una fórmulas para que repunte la economía, las marchas y los piquetes. Marzo se disfrazó de diciembre y sacó a pasear todos los fantasmas que el Gobierno había conseguido encerrar en un placard antes de las Fiestas.

La política se calienta y vendrán semanas de forcejeo electoral, mientras se esperan los números de la economía (que algún brote verde se haga ramita antes de que lo pisen) y las novedades de los tribunales: causas que ya van madurando para pedir las detenciones de personajes clave de la corrupción. Difícil adivinar los tiempos. Recordémoslo: aún no sabemos si Nisman se mató o lo mataron.

Entre reuniones para ver qué pasa con el paro, con la escuela pública (que es mucho más que el alicaído sueldo de los docentes), con los piquetes y con las paritarias, sobre la siempre compleja realidad argentina late una sombra imperturbable.

El intendente de Itatí, una ciudad correntina, fue preso por narcotraficante. Un comisario y dos oficiales de la policía sanjuanina fueron presos por narcotraficantes. Un cura de San Martín fue trasladado por la Iglesia a otra parroquia porque allí lo amenazaban los narcotraficantes. Un empresario que tiene al menos cinco casas en el lujoso Country Abril fue allanado en sus mansiones, donde había 19 autos, 900.000 dólares en efectivo, pileta climatizada y anfiteatro. Lo acusaron de... lavar dinero del narcotráfico.

En el clímax de fortunas oscuras y amenazas a la luz del sol, un grupo comando atacó en una autopista rosarina el vehículo donde iban los asesinos de un narco. Los trasladaban durante un juicio y los atacantes -otros narcotraficantes que buscaban vengar a su jefe- no fueron a intentar rescatarlos, como se podría pensar de primera mano, sino a tratar de asesinarlos. Casi lo consiguen. Hirieron a tres personas y desaparecieron. La ruta se los llevó como si se los llevara el viento del otoño.

El viento sopló hacia Buenos Aires porque el viernes a la noche terminó muerto de un balazo, en Flores, un joven que fumaba paco. Le dispararon a quemarropa desde un auto particular donde iba un policía de civil con otros dos hombres. Principal hipótesis: un ajuste de cuentas narco con un oficial de la Policía de la Ciudad involucrado.

Cinco de estos seis hechos ocurrieron en cuatro días. Y en el quinto día se suma el cargamento de marihuana aérea que aterriza en un predio de la Municipalidad de Navarro.

El narcotráfico vive su realidad paralela con una naturalidad que abruma. Sin embargo, sólo es un protagonista lateral. Hay nombres de políticos y policías corrompidos, curas trasladados, lavadores de dinero, atentados en las rutas y muerte en una esquina porteña, pero su sombra aún forma parte de esos temas licuadora que sólo nos preocupan por espasmos.

Decimos uuuhhh!!! qué barbaridad y volvemos la mirada sobre que otra vez no se puede andar por la 9 de Julio.

Pocas semanas fueron tan reveladoras sobre la realidad narco como la que pasó, y casi ni la vimos: droga y sus derivados de dólares cash, amenazas y muerte en Corrientes, San Juan, una villa de San Martín, un country lujoso de Berazategui, una autopista de Rosario, el barrio de Flores y la ciudad de Navarro.

La sombra narco despliega sus alas, sigilosa. Y planea tranquila sobre las otras noticias de los grandes temas nacionales. Que se haga rutina para volverse invisible no minimiza sus consecuencias. Ni su derrame de corrupción y muerte.

Fuente: Clarín

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