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Desplazamiento humano

Estudio muestra que 28% de extranjeros vive en situación de hacinamiento en Santiago

Estudio muestra que 28% de extranjeros vive en situación de hacinamiento en Santiago

Análisis de Techo indica que son 89 mil inmigrantes. Habitan en dormitorios con dos o más personas. Preocupa condición de haitianos. Visas a ciudadanos de ese país crecieron un 551% en dos años.

Actualizado hoy a las

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Autor: Oriana Fernández G.

Recuerdan los conventillos donde vivían los obreros en el Santiago de inicios del siglo XX, las viviendas colectivas que eran una opción precaria ante la llegada masiva de trabajadores del campo a la urbe. Allí vivían enormes familias, sin servicios básicos que dieran comodidad. Y pareciera que algunos barrios de la capital evocan esa época en Chile. Pero esta vez son viviendas donde habitan extranjeros. Ese es el caso del condominio San Luis, en la población Parinacota en Quilicura, el que impactó durante el Censo pues se descubrieron 50 piezas donde residían al menos dos personas en cada dormitorio, sin espacio para cocinar ni lavar.

El centro de Estudios de Techo Chile realizó el más reciente cálculo -estimado a partir de los datos de la Casen- en la Región Metropolitana sobre esta realidad. En esta zona hay 321.561 extranjeros, es decir, un 4,5% de la población. De ese total, 89.542 personas están en situación de hacinamiento, lo que representa a un 28% de los migrantes. Algunas de las comunas donde se presenta esta condición son Santiago Centro, Quilicura y Renca. Esto a pesar de que se han impulsado planes de ayuda.

El capellán de Techo, Juan Cristóbal Beitía, explica que el nivel de hacinamiento se define cuando en un dormitorio residen 2,5 personas y más. Si la cifra sube a 5 moradores por pieza, la situación es “crítica”. “Hemos visto que el acceso a la cocina, que es algo esencial, es limitado, tal como al agua potable”, dice. Admite que se han observado “precios abusivos” para los arrendatarios, pues “se aprovechan del temor de los extranjeros o de que estos no entienden qué se les pide”. Por esto, Beitía pide fiscalización por parte de organismos del Estado, como ministerios y municipalidades, para controlar las condiciones de estos condominios improvisados.

Las organizaciones sociales están preocupadas por la situación, en especial de los haitianos, por las condiciones que tienen. Según el Departamento de Extranjería, la entrega de visas a ciudadanos de esa nacionalidad creció un 551% entre 2014 y 2016. Es decir, pasaron de 3.644 a 23.750 permisos. En tanto, las visas a venezolanos han aumentado 698%, en el mismo periodo. El director del Departamento de Extranjería, Rodrigo Sandoval, pone las cifras en contexto: “No debe extrañar el aumento, porque siempre es exponencial en el tiempo”. ¿Se puede mejorar la situación de los inmigrantes? Afirma que hay una propuesta hecha por Extranjería para crear una institucionalidad que se haga cargo de la protección a los extranjeros, pero aún no se convierte en proyecto de ley. “Cada día para mí no es un día feliz, en término de que es un retraso porque no estamos dando una respuesta”, admite, aunque aclara que hoy se han hecho esfuerzos para los migrantes en el área educacional, de salud y vivienda, donde hay ayudas especiales.

Casos

Estación Central es una de las comunas donde se emplaza el tipo de vivienda más precario en arriendo para los extranjeros (dormitorios de material ligero, baños y cocinas comunes), en especial provenientes de Haití. Allí pueden dormir hasta tres inmigrantes. Es el caso de Jean Baptiste Deudonne, quien llegó en enero pasado. Paga $ 110.000 por su espacio. “No tengo trabajo estable, por eso es muy difícil para mí pagar por esta pieza”, explica.

A pesar de que esta comunidad proviene de uno de los países con el índice de calidad de vida más bajo del planeta, también se sorprenden.

Hugnes Charles, quien lleva tres años en Chile, profundiza en la realidad que viven sus compañeros: la cama sirve de mesa para comer y se deben adaptar a cinco metros cuadrados entre rumas de ropa y el refrigerador. “Necesitamos ayuda porque se requiere mejorar la condición. Vinimos a vivir y no a morir”, dice.

Molesto, saca la voz por los que no reclaman en español, mientras muestra otro dormitorio sin luz. Desde el fondo aparece una mujer que observa y calla. Otras de sus compatriotas están embarazadas o tienen niños pequeños. Ellas valoran el pequeño espacio, a pesar de la compleja situación que deben vivir. Y así también cocinan y los niños comen de pie. El propietario no pone comedores comunes aunque sabe que allí reside una treintena de personas. Los vecinos chilenos comentan que estos extranjeros viven en casas de emergencia como las que se levantaron tras el terremoto de 2010. Charles invita a observar las piezas de la calle Gabriela Mistral. Hay enchufes en el patio, mojados por la lluvia. Pero viven con entusiasmo: mantienen limpios los espacios y varios comparten la lavadora. Pero les molesta pedir arreglos al dueño.

Y en la otra punta de Santiago está Auralus Charles en una población de Quilicura. Animado, invita a entrar a su hogar. Dice que arrienda en $ 100 mil un terreno de 15 metros cuadrados, donde los dueños de casa le permitieron construir una casa.

“Traje desde la construcción donde trabajo todo el material. Incluso tengo piso flotante”, por lo que se decidió a traer al país a su esposa Irema. Era el garage de los vecinos, que ahora es un pequeño departamento con una ventana hacia la calle; el portón con candado, porque roban. Pero dice estar feliz porque sus niños, Esechiel y Esaie, ya son casi chilenos. Son la esperanza del padre y los profesores de español de su madre. Auralus está expectante porque lo censen. Quiere mostrar su casa.

Fuente: La Tercera

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