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Mujeres historietistas: justicia por trazo propio

Mujeres historietistas: justicia por trazo propio

En Fundación Proa, una muestra de mujeres que narran con imágenes confirma la creciente presencia femenina en el género y destaca una tradición a menudo olvidada

PowerPaola.

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SIGUIENDO    Daniel Gigena     LA NACION     DOMINGO 19 DE FEBRERO DE 2017

En Espacio Contemporáneo de Fundación Proa, curado por Santiago Bengolea, se expone hasta el domingo próximo Relación a larga distancia, una pequeña muestra del colectivo internacional de mujeres historietistas denominado Chicks on Comics (COC), creado hace nueve años. El nombre rinde tributo a Chicks on Speed, la banda punk creada por varias estudiantes en Múnich en 1997, un grupo más en la larga tradición en la que el rock se cruza con el arte. Aunque aún las integrantes de COC no brinden conciertos públicos, cierta actitud punk, feminista y festiva está presente en el proyecto, que consiste en el intercambio de viñetas, publicaciones y reflexiones visuales acerca del trabajo de las mujeres en ese lenguaje artístico.

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"Creamos un espacio de difusión y encuentro entre mujeres historietistas, y la ironía sobre cuestiones de género y el trabajo colectivo son los temas que llevamos al cómic como sello del grupo", sostienen las COC. Para quienes no puedan ir a Proa, los trabajos y blogs de las integrantes están disponibles en chicksoncomics.blogspot.com.ar. PowerPaola (de Ecuador), Clara Lagos, Delius y Sole Otero (de la Argentina), Maarje Schalkx (de Holanda) y Bas Backer y Julia Homersham (del Reino Unido) presentan en Proa trabajos inéditos sobre tela y papel, además de animaciones e impresiones en vinilo.

Una herencia borrada

La historia del cómic ha registrado con preferencia un repertorio hecho por varones: superhéroes que lucen músculos en prendas ajustadas, combates graficados con onomatopeyas bombásticas, fantasías sexistas con personajes femeninos de cintura imposible. La Argentina no es la excepción: basta un recorrido por la muestra 100 años de historieta y novela gráfica en el Museo del Humor para advertir que las mujeres historietistas, a excepción de unos pocos nombres, brillan por su ausencia. ¿Acaso ellas no dibujaban y narraban por medio de cuadros?

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"Idelba Dapueto y Martha Barnes trabajaron mucho en Intervalo, pero eso no creó una tradición de mujeres historietistas en la industria editorial de prensa -dice José María Gutiérrez, investigador y director del Archivo de la Historieta y Humor Gráfico de la Biblioteca Nacional-. Intervalo, revista de historieta para mujeres, empezó en 1945 y duró cuatro décadas. Cuando terminó, no hubo otra revista exclusiva para lectoras de historietas." Eso nos lleva, según el enfoque de Gutiérrez, al elemento que está en la base de esa tradición: las lectoras. "En las transformaciones de la historieta, el tránsito de dibujante y guionista a autor no se dio en los tiempos de conformación de un cuerpo de lectoras, editoras y creadoras que alimentaran tradiciones para una clara identificación genérica ?sostiene?. El caso de Intervalo y su soledad en la prensa argentina es medular. Es la soledad de Dapueto, de Barnes, de Patricia Breccia, de María Alcobre."

Cuenta Gutiérrez que en el Archivo de Historietas de la Biblioteca Nacional se conservan originales de obras de un centenar de autores. "De ellos, quince son mujeres -dice-. Casi todas menores de 50 años. Son autoras que empezaron leyendo la primera Fierro o directamente fanzines y la producción autogestionada, y luego tuvieron acceso a la historieta europea y otras." Para el autor de La historieta argentina. De la caricatura política a las primeras series, hay una línea profunda en toda la narrativa gráfica de nuestro país que se mantiene. "Es su actitud crítica, cuestionadora. En el caso de las autoras, esa actitud tiene un campo de inmensa exploración y riqueza", dice.

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Chicks on Comics hace justicia por trazo propio en La Boca y recupera esa tradición en nombre de varias precursoras que crearon a partir de la década de 1930, entre ellas, Niní Marshall y Blanca Cotta. A medida que avanzan las décadas, los nombres se multiplican: Lucía Vergani, Silvia Camerini, Ana Von Rebeur, Patricia Breccia, Maitena, Laura Vázquez Hutnik, Caro Chinaski, Andrea Jen.

Daniela Kantor
Daniela Kantor.

"Mientras todas las voces se puedan escuchar, tendremos más temas de qué hablar, podremos entendernos más y profundizar -señala Powerpaola, autora de varias novelas gráficas, algunas de ellas publicadas en la Argentina por La Editorial Común-. Todo es más enriquecedor si hay diversidad." En Chicks on Comics, ella y sus colegas establecen "conversaciones sin palabras" por medio del cómic. "Es muy lindo lo que pasa con el diálogo a través del dibujo, por medios virtuales desde dos continentes y entre siete historietistas", opina la creadora de Virus tropical (La Silueta), que reúne psicodélicos episodios autobiográficos en clave de comedia reflexiva.

"Los lugares sociales de las mujeres cambiaron. También en la historieta", comenta Judith Gociol, coordinadora del Archivo de Historietas de la Biblioteca Nacional y autora con Diego Rosemberg de La historieta argentina. Gociol recuerda que, en los años ochenta, con Maitena, las temáticas femeninas vinculadas con el trabajo, el ámbito doméstico y la intimidad ocuparon la primera plana. "Para muchas jóvenes, la obra de Maitena es una herencia valiosa y al mismo tiempo un peso, algo de lo que deben desmarcarse", sostiene. "A partir de los años 2000, hace su entrada al lenguaje de la historieta local la autobiografía o las 'historietas reales' y las creaciones comprometidas en luchas de género, contra el gatillo fácil o en apoyo de la tarea de Abuelas de Plaza de Mayo." Un paso más allá de estas tendencias es, según la especialista, hablar en las historietas de algo más que la realidad personal o social.

Lauri Fernández publicó dos historietas con temáticas urgentes: Vientre y Entre silencios, que fue utilizada por docentes para trabajar con los alumnos el tema del abuso y la violencia de género. Ambas fueron hechas con el guionista uruguayo Leguisamo. "Me parece importante que se traten temáticas de género sin hacer un panfleto -dice-. Hay que ser cuidadosa con eso, se debe priorizar una narración de calidad sin caer en la 'bajada de línea'. Pero una vez que se publica o difunde en la Web, ya no tenés el control de las interpretaciones que se hacen sobre tu obra." Sus trabajos se pueden ver en dibujitosdelau.blogspot.com.ar.

Fernández, como la talentosa Nacha Vollenweider, publicará pronto una novela gráfica en el sello Maten al Mensajero. Se llamará El pozo. "Me costó bastante llegar a publicar una obra propia; tenía casi treinta años cuando salió mi primer libro -confiesa-. Noto que, por fortuna, el medio ha cambiado bastante desde los años 2000. Cuando empecé, en Mendoza, en 2003, éramos tres chicas en un grupo de más de cincuenta autores y principalmente nos dedicábamos a la ilustración. Hoy veo a muchas mujeres, de diferentes edades, haciéndose un espacio con producciones variadas."

Materiales mutantes

En poco tiempo, sellos locales de distinto volumen publicaron libros de mujeres que narran con dibujos: María Luque (Sigilo), Laura Dattoli (Eduvim), Pepita Sandwich (Sudamericana), Daniela Kantor (Burlesque), María Guerrieri y Silvia Lenardón (Iván Rosado). Desde Rosario, Lenardón, autora con Gloria, su madre, de La bohemia, cuenta: "Siempre me interesó la imagen narrativa, que hable el propio dibujo sin necesidad de palabras, pero disfruto mucho de leer libros, cuando leo asocio la idea a una imagen. Las posibilidades del cómic me dieron nuevas perspectivas; hago vínculos con imágenes del pasado, con lo que estuvo antes y el arte rosarino, como Juan Grela." Otras artistas que trabajan en esa línea poética son Isol, Pauline Fondevila, Eleonora Arroyo, Lola Goldstein, Claudia del Río y Fernanda Laguna, entre muchas otras.

Daniela Kantor
Daniela Kantor.

"La irrupción activa de muchas historietistas desató una andanada de obras que aportaron estéticas y miradas que difícilmente hubieran conseguido autores varones -opina Maia Debowicz, dibujante y periodista, creadora de los fanzines Fiesta de disfraces y Pornografía para animales-. El cambio no es sólo formal sino también político. Se aprovecharon los nuevos formatos y canales de publicación para difundir los trabajos: blogs, webs, Tumblr, páginas de Facebook se llenaron de historietas y, lo más importante, de historietistas que no abundan en los medios habituales." Para Debowicz, el ingreso de nuevas autoras trajo otras maneras de representar a las mujeres. "Mientras antes eran Pampita, Flopi Bach y Pochita Morfoni, ahora se sumó una gran variedad de nuevos tipos (ya no estereotipos), volviendo mucho más rico el desfile de personajes femeninos."

Robertita es historietista, aunque no se identifica como tal. "Siempre me sentí más ilustradora y escritora, pero hice laburos como historietista. En mi caso es bastante autobiográfico", dice. La autora de Winner coincide en que los trabajos de mujeres se expandieron: "No es que antes no hubiera historietistas femeninas, pero parecían menos. Ahora surgieron muchas chicas que van ganando terreno".

"Como en cualquier otro ámbito, creo que no importa si la historieta está hecha por un hombre o una mujer, importa si es de calidad, si el artista está visible tras su obra -dice Daniela Kantor, docente e historietista-. Se trata de ocupar un lugar que hemos dejado vacío." La primera novela gráfica de Kantor se llamó Mujer primeriza. "El nombre surge de mi percepción de que es mi primera vez en este género; me costó ser mujer. Fue publicada en 2014 y narra en cien páginas de historieta las peripecias cotidianas de una familia que quiere vivir en el campo." Su segundo trabajo, Naturaleza...Mujer!, tuvo como guionista a un varón, Arekasadaro, y ganó la Mención Especial en el Premio Nueva Historieta Argentina. Saldrá este año en una antología que publicará Sudamericana, compilada por Ricardo Siri Liniers y Martín Pérez.

Nadie sabe quiénes dibujaron en las cavernas las primeras historietas de la humanidad, relatos sin palabras de supervivencia y riesgo. Quizás los hombres, de regreso, se sentaban a contar las circunstancias de una persecución o cacería y algunas de las mujeres, con los dedos como pinceles untados de pigmentos, representaban en la piedra esas aventuras narradas junto al fuego.

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Fuente: La Nación

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