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Crujirse los dedos de las manos, una sana costumbre: niegan que cause artritis

Crujirse los dedos de las manos, una sana costumbre: niegan que cause artritis

Los últimos estudios médicos afirman que no aumenta la inflamación de las articulaciones.

Crack, crack, crack. Presionar los nudillos, un juego de muchos. Foto: Adrasti

24/02/2017

Para algunos, apretarse las articulaciones de las falanges de los dedos de las manos y los nudillos a la espera de un ¡crack, crack, crack! resulta liberador, es un juego que los acompaña día a día. Para otros, sentir esos sonidos resulta simplemente escalofriante. Y entre los médicos también la opinión está dividida. Antes coincidían en que hacía mal. Pero ahora, varios afirman que esto no es tan así.

Justo un año atrás, varios fisioterapeutas de España lanzaron una campaña advirtiendo sobre los riesgos de crujirse las articulaciones. Pero ahora la cosa cambio. “Desde un punto de vista médico no es ni bueno ni malo. Por ahora no hay ningún indicio de que crujirse los dedos sea dañino, y hay varios estudios que hablan al respecto”, explica Ignasi Cebrecos, fisioterapeuta y osteópata.

“Años atrás se creía que crujirse los dedos era un factor de riesgo para acabar sufriendo una degeneración prematura de las articulaciones de la mano”, sigue, “pero ya en la década de los 90 apareció algún estudio que descartaba esta relación”.

En concreto, un análisis del servicio de Medicina Interna del hospital Mount Carmel Mercy de Detroit concluyó que “no hubo mayor preponderancia de artritis de la mano en ninguno de los grupos” estudiados (300 participantes menores de 45 años) acostumbrados a crujirse los dedos.

“Los últimos estudios afirman que no aumenta la inflamación de las articulaciones cuando se crujen, ni siquiera varía la capacidad de contracción de éstas. En todo caso se evidencia un aumento del rango de movimiento de las articulaciones después de crujir y un incremento del espesor del cartílago que rodea estas articulaciones en aquellas personas que tienen la costumbre de hacerlo de forma regular”, sostiene Cebrecos.

Pero, ¿qué estamos haciendo cada vez que nos apretamos los nudillos? Al presionar las articulaciones “disminuimos de forma repentina la presión del interior de la cápsula articular que contiene el líquido sinovial, lo que provoca que los gases disueltos en este líquido se liberen en la cavidad de la articulación provocando este sonido audible tan característico”, dice el especialista.

Todas las articulaciones están rodeadas por una cápsula sinovial con un líquido y cierta cantidad de gases (oxígeno, nitrógeno y dióxido de carbono), cuya función principal es lubricar las articulaciones para que los huesos no se desgasten, explican los fisioterapeutas. Al comprimirlas liberamos estos gases, que luego se recuperan. “Una vez liberado el gas, hay un período de latencia de unos minutos donde la composición del líquido vuelve a la normalidad y se puede volver a provocar el ruido”, cuenta.

Para Ignasi Cebrecos el argumento definitivo de que crujirse los nudillos no es más que un vicio inocuo lo personifica Donald Unger. Este médico californiano obtuvo en 2009 el premio Ig Nobel (un reconocimiento a los que estimulan el interés de todos por la ciencia, la medicina, y la tecnología) tras pasar 60 años haciendo sonar los nudillos a diario. Durante seis décadas comprimió, por lo menos dos veces al día, las articulaciones de la mano izquierda para ver si, con el paso del tiempo, la salud de esa mano sufría. Y nada. Ambas extremidades funcionan por igual y sin síntomas de artritis ni de otras dolencias articulares

Fuente: Clarín

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