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Ciencia y Tecnologia III

¿CÓMO PUEDE HACER NEGOCIO ARGENTINA CON LA BASURA ELECTRÓNICA?

¿CÓMO PUEDE HACER NEGOCIO ARGENTINA CON LA BASURA ELECTRÓNICA?

ARGENTINA ES UNO DE LOS PRODUCTOS DE BASURA TECNOLÓGICA MÁS GRANDES DE LA REGIÓN. SIN EMBARGO, EL MARCO LEGAL NO PERMITE APROVECHAR NEGOCIOS ENFOCADOS A DIVISAS.

Por Matías Castro - 26 de Mayo 2017

Cada producto de tecnología que termina su ciclo vital va a parar a algún lugar donde es desechado. Hoy en día, se genera más basura tecnológica que nunca antes en la historia. De acuerdo a los datos de un artículo publicado en la revista Nature, la cantidad de computadoras, teléfonos, televisores y electrodomésticos que fueron a parar a la basura desde 2009 a 2014 se duplicó; alcanzando la alarmante cifra de 42 millones de toneladas anuales a nivel global. Los productos electrónicos que dan el presente en los basurales alrededor del globo, la mayoría de ellos ubicados en los países subdesarrollados y del Tercer Mundo a pesar de que el consumo y la producción de los bienes se concentra en países de Primer Mundo, abarcan varios rubros. Un relevamiento de la Universidad de Naciones Unidas (Unu) especificó la demografía de los basurales: 12,8 millones de toneladas de pequeños electrónicos, como aspiradoras, microondas, tostadoras, afeitadoras eléctricas y videocámaras. 11,8 millones de toneladas de equipos más grandes, como lavarropas, secadoras, lavavajillas y hornos eléctricos, 7 millones de toneladas en equipos de aires acondicionados. 6,3 millones de toneladas en pantallas, 3 millones de toneladas en dispositivos informáticos y 1 millón de toneladas en lámparas. La proyección para 2018 es de unas 50 millones de toneladas anuales en todo el planeta, según la misma fuente.

La situación nacional no desentona con el escenario global.  Las Naciones Unidas calculan que cada argentino genera ocho kilos de basura electrónica al año en promedio.  El informe ubica al país en la tercera posición regional, detrás de dos grandes mercados como Brasil y México, en cuanto a basura y residuos generados procedentes de teléfonos móviles, con un aproximado de 300.000 toneladas acumuladas para el año 2018 (contra 250.000 estimadas que se acumularon en 2014).  Pero el problema en nuestra región se encuentra en otra arista.

 

¿Cómo se explica que la industria tech se haya convertido en una máquina de generar basura?

 

“La basura que produce un argentino es la mitad que la España o un tercio frente de la de los Estados Unidos,  pero el país aún no cuenta ni con normativas ni de un mercado de alcance nacional para el recupero, reciclaje o disposición final de esta corriente de residuos”, contextualiza Gustavo Fernández Potomastro, biólogo de la Universidad de Buenos Aires y director de Eco.Gestionar, una empresa dedicada a la ingeniería y gestión ambiental. Potomastro explica que “si bien en el país funcionan miles de empresas o particulares que hacen servicios técnicos y reparan equipos, extendiendo el ciclo de vida de los aparatos electrónicos, no más de cuatro empresas que está en el rubro de la gestión de basura electrónica o la exportación a escala de materiales tales como baterías de litio, plaquetas electrónicas y reciclaje del resto de la chatarra electrónico en fundiciones nacionales”. Por esto miles de kilogramos de basura termina en basurales o rellenos sanitarios. “Es como hacer minería inversa”, dice el biólogo, “enterramos metales y plásticos -petróleo industrializado- en basurales”.

Gustavo Potomastro, biólogo y director de Eco.Gestionar

No siempre fue así, los tiempos cambiaron. “En 2004 impulsamos la ley de Basura Cero, donde se buscaba reciclar lo máximo posible. En 2001 tuvimos una crisis. Y de esa crisis nació el cartoneo y los recuperadores. Fue la primera vez que se separo la basura. Se hacía porque eran bienes que se podían reintroducir al  mercado”, rememora Soledad Sede, coordinadora del proyecto Basura Cero y parte del equipo de Campañas de Greenpeace. Hoy, con una economía y sociedad menos endebles, parece que no hay espacio para la recuperación responsable de residuos. “Hoy tiramos metales estratégicos a la basura y no logramos una regulación para tanto desperdicio”, reflexiona Potomastro.

En efecto, la ley de Basura Cero llegó a buen puerto, pero hoy a más de una década de su sanción, tan sólo se ha cumplido uno de los tres grandes objetivos que planteaba la ley: una reducción progresiva de las toneladas de residuo que culminaría este año con una reducción del 75 por ciento y los niveles de reducción son apenas los estimados para el 2010. Al día de la fecha, esta es la única ley que contempla los residuos y no existe una Ley Nacional de gestión de basura. La tecnología, en particular, ocupa un lugar aún peor en este escenario.

“La tecnología lleva un tratamiento aparte, lo que nosotros pedimos en un proyecto de ley aparte fue que las empresas productoras de tecnología sean responsables del manejo posterior de los productos cuando no tiene más vida útil”, explica Sede. La importancia de esto es capital, ya que por un lado los residuos tecnológicos contaminan otros residuos circundantes y por el otro ellos mismos son contaminantes por tener metales pesados. “Es verdad que hay mucho consumo y cierta obsolescencia programada, pero el problema es que no tenemos una obligación de diseñar para durar ni el fabricante ‘internaliza’ los costos de la gestión del residuo. Seguimos pensando que la Argentina es infinita y siempre podremos seguir enterrando”, desarrollo el biólogo.

 

El precio de la sustentabilidad

 

La otra cara de la moneda es que reciclar supone un coste para las empresas, por lo que ese producto cualquiera que se usa como ejemplo en la propaganda sobre el mal accionar del consumidor que usa y tira podría ver su valor inflado. Algo que ningún consumidor quiere, por más responsable que sea. Los grupos ecologistas conocen este dilema, saben que la tensión entre regulación y competitividad siempre va a existir. ¿Hay alternativas de consenso? hasta cierto punto.

“Las empresas se oponen a pagar por lo que contaminan, ante la situación de daño ambiental siempre la respuesta va a ser un ‘no’ cuando no se niega el daño directamente. Pero hay que pensar alternativas”, explica Sede. “Desensamblar y utilizar las partes reciclables, como la pantalla del celular que representa 40 por ciento del costo de la unidad es una opción. Que el fabricante tome los insumos reutilizables de un dispositivo viejo como parte de pago de uno nuevo. La cantidad de bienes y materiales que se pueden recuperar es más del 95% en el caso de smartphones. No se llegó a ver desde el espacio empresarial la oportunidad económica. Reciclar implica un menor traslado de nuevos insumos y no tener que volver a comprarlo. Hay una oportunidad económica, si bien implica un cambio de paradigma, termina redundando en beneficios económicos”, analiza la ecologista encargada del proyecto Basura Cero. En esto, el especialista Potomastro concuerda. “El problema de los desechos es que implican hacer minería inversa: enterramos oro, plata, hierro, aluminio, plomo y petróleo (plásticos) en rellenos y basurales. Hoy el mundo demanda esos materiales como insumos y ya hay varias empresas que están haciendo negocios con ello. Pero a los precios actuales, y considerando los costos de la logística reversa es caro, la mayor parte de los productos desechados van a la basura o quedan guardadas cada año”, explica el experto. “Hay que desarrollar una industria verde que haga negocios con nuestros desechos electrónicos y para ello, debemos crear las condiciones: cero desechos a los Ceamse, incentivos para reciclaje y mucha conciencia”, finaliza.

El primer paso para esto, sin embargo, fue  un tropezón. La ampliación de la ley de Basura Cero que buscaba integrar los residuos tech y tratar de enmarcar legalmente otras cuestiones concernientes al tratamiento y recuperación de residuos perdió su estado parlamentario en 2012. “Tenía la fuerza de un proyecto consensuado en el arco político y todas las organizaciones ambientalistas. El proyecto se frenó en la comisión de presupuesto por presiones empresariales y lobby. No se llegó a tratar su presupuesto siquiera. Hoy estamos a la buena de dios sin ninguna regulación clara”, se lamenta Sede, que estuvo involucrada en la redacción del proyecto. Para la especialista en el tema, el cambio tiene que venir desde el Estado, que es el ente que debe impulsar el cambio de mentalidad en consumidores y productores.

“Para el futuro, tenemos que conseguir el cumplimiento total de la ley de Basura Cero y su ampliación para incluir basura electrónica. El límite de la obsolescencia programada tiene que ser el  medio ambiente”, apunta. Pero no son todas malas. En junio del año pasado el Grupo Pelco, especializado en residuos, logró vender a Bélgica unas cincuenta toneladas de plaquetas electrónicas en desuso. La operación representó un módico ingreso de divisas por US$ 230.000. Esta clase de negocios podrían representan el primer paso para un negocio exportador que podría generar tantas divisas como la preciada soja.

Matías Castro

MCastro@infotechnology.com

 

Fuente: INFOTECHNOLOGY

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