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Globalizacion de los Delitos

Frontera misionera, asesinatos y varios casos sin resolver

Frontera misionera, asesinatos y varios casos sin resolver

El trabajo de los peritos y pesquisas, en el caso del mes pasado en donde fue acribillado un brasileño en San Antonio.

Domingo 16 de julio de 2017 

Se sabe que la frontera seca, al Norte de Misiones, une más de lo que separa. Los entrecruzamientos culturales están anclados no sólo en el comercio, sino también en las costumbres, ocio, la familia y hasta las actividades que están por fuera de la ley, la fuerza pública y la Justicia, que no tiene la flexibilidad para trasponer los límites que marcan la burocracia y las jurisdicciones. 

En este punto, se engloban también las diligencias para la resolución de los crímenes de sangre en una provincia que tiene en promedio -según las estadísticas de este año hasta junio hechas por El Territorio- cinco homicidios por mes. 

Pese a la buena relación que hay entre las fuerzas de seguridad de Argentina y Brasil por los acuerdos de la denominada Frontera Blindada, no son pocos los asesinatos en esa zona que no tienen detenidos y, por ahora, parecen lejos de resolverse. 

El último de los casos es el asesinato a balazos de un comerciante brasileño en San Antonio y el más resonante es la ejecución del aduanero Gabino Sánchez en febrero del 2008. El factor común en la mayoría es que se sospecha o se tiene certezas de que los homicidas o principales sospechosos huyeron a Brasil, donde hacer una nueva vida no cuesta mucho para alguien que conoce la idiosincrasia o incluso tiene familiares. 

Entre los factores desfavorables para la investigación también se podrían encontrar la amplia jurisdicción que tienen los Juzgados de Eldorado y San Vicente y las pequeñas comisarías de la zona, que intervienen en casi todos los casos. Más allá de esto, según expresaron fuentes judiciales consultadas, desde la Policía de Misiones muchas veces afectan a las zonas fronterizas y alejadas al personal con sumarios internos a modo de castigo. 

Estas personas, se entiende, no están a gusto con su destino y por lo tanto sus desempeño no es el óptimo para un punto caliente como lo es la frontera. Esta semana, las fuerzas brasileñas, con topadoras y maquinarias pesadas ‘destruyeron’ los pasos fronterizos clandestinos en San Antonio, que son utilizados -argumentan- para el contrabando de diferentes productos y estupefacientes o el traspaso de autos robados. 

Sin embargo, se sabe que es una mínima porción de la amplia línea imaginaria que divide a los dos países y que es muy difícil de controlar. 

Gris jurisdiccional 
Antonio Morais de Lima (54) fue asesinado en cercanías de un paso fronterizo clandestino que une San Antonio con Santo Antonio do Sudoeste, el viernes 16 cerca de las 21, y hasta ahora no hay pistas sobre el homicida. 

Los investigadores creen que fue atacado en Argentina a tiros, caminó malherido hasta su casa y murió en el camino, ya en Brasil. Brasileño, hacía todos los días esa ruta debido a que vendía gas en Misiones.

El juzgado en turno inició una investigación de oficio, pero más allá de testigos que escucharon los disparos y las manchas de sangre no hay pruebas tangibles -como casquillos de bala- y personas que hayan visto el ataque. Por su parte, la Policía Militar de Brasil está llevando a cabo su pesquisa y se esperan los informes de la autopsia para saber, por lo menos, qué arma se usó en el ataque. 

Por ahora, no hay una hipótesis certera del móvil y la secuencia del crimen, ni tampoco a ciencia cierta si el homicida está en Brasil o Argentina. Hoy se cumple un mes del hecho y, por su complejidad, se puede entender que el margen para que se encuentre a los culpables sea más amplio. 

Cobijado por familiares
Más atrás en el tiempo, el 31 de diciembre último, Carlos Da Silva (28) fue asesinado de tres balazos en el barrio Unidos de la misma localidad. Cerca de las 4 de la madrugada, una Ford F100 lo interceptó en la calle. Desde allí fue baleado sin piedad y luego su atacante huyó de la escena a pie. Pese a que la Policía local llegó rápido al lugar y el agresor fue identificado de inmediato, siete meses después continua sin aparecer. 

Señalado por las autoridades de la Unidad Regional XII como Elías o ‘el Brasilero’, el atacante de más de 40 años habría huido esa misma noche a Brasil, aprovechando la cantidad de "piques" que hay en la localidad. Allí cuenta con familiares que lo cobijaron por lo que rápidamente se iniciaron las gestiones con la Policía Federal de Brasil (PFB), que pudo ubicar la casa donde habría estado, aunque él ya se había ido. 

Según le expresó a las autoridades brasileñas el propio hermano, él lo llevó a una ciudad más grande, en las entrañas del sur del país. Como se esperaba, no brindó mayores detalles y su paradero hasta hoy es una incógnita. En su momento, los investigadores expresaron que estaban atados de pies y manos y consideran que el hombre no volverá a pisar la tierra roja.

Disputa vecinal 
Cerca de la medianoche del 1 de noviembre, los efectivos de la comisaría de Pozo Azul fueron convocados por el hallazgo de un cadáver en una chacra a tres kilómetros de la ruta provincial 20, en una zona llamada Picada Nueva. Gilberto Pereyra Da Silva (34), presentaba una herida cortante en el abdomen a causa de una disputa con su vecino, según denunció su padre, Julio A. (54). 

Los implicados habían estado compartiendo tragos y por un motivo que se desconoce terminaron enfrentándose. Los rastrillajes en la zona, con la complicación de la lluvia y el barro, sólo pudieron dar con lo que sería el arma homicida, un machete abandonado en el monte. 

Asimismo, el cuerpo estuvo tapado hasta el mediodía siguiente hasta que un vehículo pudo ingresar. 

Identificado como Oscar P. (34), el presunto homicida fue buscado en el Soberbio y San Vicente, donde al parecer tenía familiares. Sin embargo, la principal hipótesis de los investigadores también es que se fue al vecino país. En este caso, también se pidió colaboración a las fuerzas brasileñas, que hasta ahora no han reportado novedades al respecto. 

Brasileño atacado en su chacra
Cerca de las 10 de la mañana del 30 de junio del 2016, el cuerpo del brasileño Jesús De Andrade (47) fue encontrado en una chacra que había comprado a 40 kilómetros del centro de Dos Hermanas, en una zona que los investigadores describieron como intransitable y de muy difícil acceso. El extranjero tenía a simple vista un fuerte golpe en la cabeza, por lo que la hipótesis de un crimen sobresalió de inmediato. 

El hombre fue entregado a los familiares que lo despidieron en Dionísio Cerqueira, donde vivía, pero hasta el momento no hay tenido respuestas de las autoridades argentinas sobre quién lo mató. Sus sospechas recaen sobre las personas que le vendieron el terreno. 

"Es indignante, los mismos vecinos que encontraron el cuerpo dicen que estaban los chicos del ex dueño allá. No es muy difícil, de haber querido ese mismo día los hubieran agarrado", insinuó la hermanastra del fallecido en su momento. 

Las autoridades policiales expresaron a El Territorio días posteriores al crimen que, pese a que había algunas personas señaladas, no había novedades. Desde entonces, al igual que los casos anteriores, no se han reportado detenciones al respecto, lo que llevó a pensar a la familia que no se investiga porque es brasileño. Fueron ellos mismos quienes señalaron a la Policía que los sospechosos andaban en Bernardo de Irigoyen, pero no tuvieron respuestas.

Fuente: El Territorio

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