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Ni Gobierno ni maestros, primero están los chicos

Ni Gobierno ni maestros, primero están los chicos

EL COMENTARIO. Una madre que se mete a fondo en la discusión

VIOR

22/04/2017

Osvaldo Pepe

Soy Karina, pero desde que mi hija comenzó el Jardín soy “la mamá de Sofía Aimeé” y eso debemos ser hoy todos “la mamá de...” Porque es la única forma de que escuchen a los chicos. Vivimos un tiempo de lucha de poderes entre el Gobierno y los docentes. Cada parte tiene sus razones y son válidas, pero aunque las dos pongan como excusa que lo hacen por los chicos, ninguno piensa realmente en ellos. Sólo los usan de escudo. Y así es que tuvimos un barco hundiéndose sin clases por días y semanas. Y nadie pensó en los chicos.

Desde que yo era niña que escucho eso de que “si un barco se hunde, mujeres y niños deben subir primero a los botes salvavidas”. Pero acá se subieron a los botes primero el Gobierno y después los maestros. El Gobierno con su postura de “no tengo más dinero”; y los maestros con la suya:“No me importa, yo quiero más”. Así fue que los niños quedaron en un un barco destrozado, a la deriva, solos y hundiéndose en un navío llamado no hay clases”. Eso hizo que la frase que tanto escuché sobre los naufragios se fuese a la basura y perdiera todo valor.

Pero yo me resisto a eso, porque “soy la mamá de...” y no voy dejar sola a mi hija ni a ningún chico. Nosotras, “las mamás de...” debemos conseguir que escuchen a nuestros hijos y para eso ellos necesitan estar en las escuelastener clases regularmente, porque esas aulas son sus megáfonos, donde ellos se expresan y hacen valer sus derechos. Donde crecen intelectualmente, allí deben estar, en sus “botes salvavidas”: las aulas. Ellos primero, que después los maestros defiendan lo suyo, como yo defiendo lo mío, y todos defienden lo de cada uno. Pero sin molestar a los demás, y mucho menos a los niños, porque según me enseñaron en Educación Cívica, los derechos de unos terminan donde comienzan los del otro, y entre éstos últimos se encuentran los Derechos del Niño. Tengamos en cuenta esto, tanto para el gobierno actual como para los que sigan en adelante. Podrán pelear este año para ver cuál de las dos partes finalmente gana la pulseada, pero eso es un círculo vicioso. Tanto como el que ocurre con la escalada de la violencia. Uno pega, el otro calla y los niños miran sin entender.

Si buscamos en Internet encontramos que la primera huelga docente fue en 1881. Hoy estamos en 2017. Desde carretas y chasquis, hasta los autos full y el freezer, pasando por el mundo tecnológico que nos rodea. ¿Es que no encuentran otra manera de expresarse que no sea el paro? ¿Esas personas, que son todas profesionales, maestros, abogados, médicos, arquitectos, ingenieros, estuvieron luchando y peleando con palos y escudos? Escuchemos a los chicos en las aulas y seamos nosotras, “las mamás de...”, quienes protejamos a nuestros hijos para que ya no sean usados como escudos. Que no nos importe de qué partido político somos ni si nuestros hijos van a una privada o a una pública. Pasarlos a la escuela privada para asegurarnos que tengan clases no es solución. Creo que eso es seguir manteniendo el clima de violencia confrontativa que al final se ejerce contra nuestros hijos. La historia se escribe para comprenderla y cambiar lo que se hizo mal. No para repetir errores.

En la historia, hay un decreto firmado en la presidencia de Sarmiento que cita algo interesante: la ignorancia y la miseria son causas graves de perturbación que pueden alcanzar a toda la República . La educación es el único acto eficaz para combatirlas. Si esto es así, por favor tomemos esos botes salvavidas y pongamos a los niños a navegar seguros y a resguardo.

Karina Carbonari

LA MAMA DE SOFIA AIMEE

Una madre que se mete a fondo en la discusión

El especialista Gustavo Iaies, director de la Fundación Centro de Estudios de Políticas Públicas, explicó en una reciente nota en Clarín cómo la nueva constitución de las familias genera otros vínculos que delinean rumbos distintos en la interacción de los padres con la “institución escuela” , otrora casi un ritual sagrado, fecundo e inapelable.

Se trata de un fenómeno relativamente nuevo, pero de creciente influencia en la enseñanza. Hace décadas era muy fuerte la integración de ambos actores: la familia y la escuela constituían una sociedad de intereses comunes que lubricaban el proceso de aprendizaje y hacían de la educación y el progreso objetivos deseados y viables.

Hoy ese vínculo es otro. Como dice el especialista, “no está ni bien ni mal”. Es la realidad con la que toca convivir y que ayuda a entender la naturaleza del texto de “la mamá de...”, como se define la lectora.

Los padres de hoy tienen prisas, trabajos y preocupaciones que las generaciones anteriores de padres no tuvieron. Hay docentes que suelen quejarse porque algunos papás terminan viendo a la escuela como “una guardería cotidiana”Un depósito y no una institución clave de la vida social. Dejan a los chicos y, abrumados de problemas, se desentienden hasta que los retiran, leen el cuaderno de novedades y firman los boletines. No es el caso de Karina, quien demuestra que es una mamá que reclama un protagonismo activo en medio de esta pelea de los gremios docentes con el Gobierno. Les pide a las partes que arreglen su querella del modo más civilizado posible sin perder de vista a los chicos, destinatarios únicos y finales de la educación.

Fuente: Cartas al país-Clarín

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