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Pensamiento creativo

'La globalización y la música'

'La globalización y la música'

Nota de Susana Grimberg. Para Radio Sentidos

SUSANA GRIMBERG ESCRITORA·MIÉRCOLES, 2 DE AGOSTO DE 2017

“Cuando Dios le ordenó construir un arca, se sirvió de la palabra teva que en hebreo significa arca y palabra: “será gracias a la construcción de la palabra como sobrevivirás al diluvio”. Cuento Jasídico

En Diciembre del 2010, el director de Comunidades, Periódico judío independiente, me solicitó que escribiera una nota sobre la globalización. Lo hice y me la publicaron enseguida. El título que se me ocurrió fue “La globalización: entre la incertidumbre y el miedo a lo distinto, porque el miedo a las diferencias, a lo distinto y a lo nuevo, suele ser muy fuerte.
Ya en esa nota dije que me sorprendía que se insistiera en hablar de la globalización como si fuera un hecho nuevo. La globalización siempre existió. Ya, en la prehistoria, con los movimientos migratorios, la globalización empezó a realizarse, con lo bueno y lo malo que acompañó a ese fenómeno.
El Imperio Romano, puso a muchas zonas desconectadas entre sí, bajo su dominio en tanto que China hizo lo mismo con los territorios sometidos a las sucesivas dinastías. El descubrimiento de América marcó la incipiente interrelación de Europa con un mundo nuevo, hasta ese momento desconocido.
Pero, es a partir de la revolución industrial, a fines de 1800 y del acrecentamiento de los sistemas de transporte y de las comunicaciones en las postrimerías del siglo XIX podríamos decir que la globalización se instala en la tierra. De todas maneras, es a partir de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, que la globalización se aceleró hasta convertirse en el fenómeno económico, social y político dominante de nuestra época.
Como vemos, la globalización no es un hecho aislado, sino el resultado de un largo proceso histórico por el que muchas zonas se vieron favorecidas, mientras que otras no lograron salir de la pobreza. En realidad, la globalización con sus descubrimientos, trajo mejores en muchos países pero, resultó ser perjudicial para algunos de los países sin recursos económicos. De todas maneras, nada es taxativo porque otros países, en iguales circunstancias, supieron aprovechar la transferencia de conocimientos, alcanzando en pocos años un desarrollo significativo que, de otra manera, les hubiera llevado décadas.
Como dije en otras oportunidades, voy a insistir en los adelantos alcanzados gracias a la llamada la Era espacial: el Diagnóstico por imágenes, el Monitoreo cardíaco, el Código de barras, el Termómetro digital sin mercurio, los pañales desechables, el Sistema de ahorro de energía utilizado en refrigeradores, el Laser, utilizado tanto en la Medicina como en la Industria y el Velcro, entre muchos más.
Como verán, personalmente, considero que hay muchos puntos a favor de la globalización y no sólo por los descubrimientos mencionados sino porque al haber mejorado la comunicación continental, al sector laboral le fue posible coordinar acciones en defensa de los trabajadores. También, al mejorar y ampliar los espacios de democratización y redistribución del poder, la globalización posibilitó, el surgimiento de redes nuevas de comercio para los pequeños y medianos productores de cada región.
Así encarada, la globalización trajo ventajas interesantes para la población en general pero, para ser justos, también introdujo sentimientos de temor, incertidumbre, desconcierto ante lo que es vivido como una amenaza.
Encrucijadas
Como dije en otras oportunidades, Albert Camus (1913-1960, Premio Nobel de Literatura 1957) denominó al siglo XX como el siglo del miedo. El escritor supo anticipar que, si bien muchas veces, la humanidad se había encontrado ante un porvenir incierto, la diferencia en ese momento y, ahora según mi parecer, es que antes se podía salir de las encrucijadas gracias a la palabra y a los valores éticos por medio de los cuales se podía armar alguna esperanza. En aquél entonces, tanto como hoy, al carecer de la vía de la palabra, se ha ido perdiendo la “confianza del hombre siempre dispuesto a creer que se podían obtener de otro hombre reacciones humanas hablándole con el lenguaje de la humanidad”.
Zigmunt Bauman, autor al que suelo mencionar, coincide con Camus al sostener que nuestras ciudades, amuralladas en el origen, son metrópolis del miedo, lo que no deja de ser extraño pues surgieron como defensa contra los peligros provenientes del exterior.
“¿Qué es lo que los seres humanos mismos dejan discernir, por su conducta, como fin y propósito de su vida?” Es la pregunta que se hace S. Freud. “¿Qué es lo que exigen de ella, lo que en ella quieren alcanzar? No es difícil acertar con la respuesta: quieren alcanzar la dicha, conseguir la felicidad y mantenerla”.
También, Freud dijo que “parece establecido que no nos sentimos bien dentro de nuestra cultura actual, pero es difícil formarse un juicio acerca de épocas anteriores para saber si los seres humanos se sintieron más felices y en qué medida, y si sus condiciones de cultura tuvieron parte en ello”.
Estamos viviendo una época tan confusa como alarmante: la amenaza del terrorismo, terremotos e inundaciones, robos, violencia callejera, corrupción.
Sin embargo, según mi opinión, podemos pensar y vivir la globalización como una puerta abierta al mundo, con todos los sinsabores y beneficios que nos pueda traer. Incluso la incertidumbre puede enriquecernos, porque donde dudamos, existimos. El punto es aprender a pensar de otra manera, sobre todo si nuestro enfoque conduce a un camino sin salida. ¿Y cómo se sale? Es simple: por donde se entró.
La música y la globalización
La idea de lo efímero, propio de la sociedad de consumo, nos lleva a pensar en cómo es posible la creación en un mundo que el que la perdurabilidad es un dis-valor. Pese a que en la actualidad el arte asume las mismas lógicas del mercado, sabemos que tanto el genio romántico como el marginado y el rebelde, continúan dándole forma, color y sonido, a su imaginación, a través de la poesía, la música, la pintura, la escultura, el cine y mucho más. Es el arte.
Respecto de la música clásica, la escritora e investigadora María Cristina Rosas, escribió que tanto Mozart, como Schubert, Beethoven, Sibelius, Chopin incluso, se caracterizaron porque sus creaciones permanecen siempre vigentes. En realidad, debemos tener en cuenta que los músicos consagrados a la música clásica, desarrollaron buena parte de su obra para reyes, príncipes o la nobleza en general, lo que le da un aspecto aristocrático. Pese a ello, no nos es posible afirmar la música clásica sea la de la gente rica y poderosa. Pero, ¿existe música escrita para la clase trabajadora o para los más desfavorecidos?
En realidad, la música, su creación, depende del contexto socio-político y cultural. Existen composiciones desarrolladas de manera formal y rigurosa, que coexisten con formas aleatorias e improvisadas. Los especialistas hablan de géneros y subgéneros musicales, pero no hay consenso en la materia.
Así, lo que se conoce como música clásica tiene sus raíces en las tradiciones litúrgicas, y, desde finales del siglo XVI hasta principios del XX, la música clásica, utilizó secuencias convencionales de acordes y el empleo del contrapunto; también, hay jerarquías de tonos pero músicos como Claude Debussy, se caracteriza por la atonalidad. Curiosamente, el jazz y el rock son géneros con jerarquías de tonos, pero, en general, no recurren al contrapunto.
Y ya que me refiero al jazz, sus orígenes se remontan a los tiempos del tráfico de esclavos en el siglo XIX, en particular, de quienes eran llevados de África a Estados Unidos. Además, hay que tener en cuenta que muchos africanos ya estando en los EEUU, aprendieron a tocar instrumentos como el violín, motivo por el que, aún cuando se considera que el jazz aparece en Nueva Orléans y el sur de Estados Unidos, se le reconoce como un género integrado por tradiciones musicales europeas y africanas, impulsado por las marginales comunidades afro-estadunidenses.
El jazz, a lo largo de su historia, tuvo que sortear innumerables obstáculos, sobre todo por la censura de diversos gobiernos, como los países comunistas que consideraban que era un tipo de música que instigaba a la protesta. Otros más, lo consideraban un género decadente, carente de rigurosidad. Pese a ello, la popularidad del jazz se propagó por todo el mundo y se ha mantenido por varias generaciones.
En mi opinión, ha sido la música la que en todas sus manifestaciones, viene manteniéndose a salvo de cualquier clase de manipulaciones, logrando ganar enormes batallas contra la censura. Además, en nuestro tiempo, pese a la masificación y la simplificación en la comunicación global, el arte de la música, no ha dejado de crecer y transformarse.
Aprender a relacionarse con músicas de ámbitos diversos y a desarrollar una atención selectiva ante la música, conlleva una mejora en las relaciones de los sujetos entre sí. Mediante la música se conocen culturas, se acercan pueblos y se establecen relaciones entre los mismos.
Es que la palabra, y la música, pueden ser los puentes que permitan acercar uno al otro. En verdad, hoy y siempre, el arte ha sido el mejor y más sólido puente para acercar a la gente entre sí.
Quiero concluir con esta reflexión de Elena Fernández-Pello
"Cada concierto es un milagro y busco en él la conexión entre el público, los intérpretes y la energía del universo"


Susana Grimberg. Psicoanalista, escritora y columnista.

Fuente: Escritora Susana Grimberg

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