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El teatro independiente va en busca de la moneda esquiva

El teatro independiente va en busca de la moneda esquiva

En las salas de la capital provincial se discuten las ventajas y desventajas de pasar la gorra a la hora de cobrar al público. La modalidad de pago que se adopta del arte callejero, en el teatro implica la toma de posición frente al valor del trabajo artístico. Al mismo tiempo, plantea la necesidad de no abandonar el vínculo con el público, que tanto cuesta construir, especialmente en estas épocas de crisis.

8 de julio de 2017  •  Escena  > teatro independiente

Por Beatriz Molinari

Termina la función de Pintó Sodoma en La Cochera y una de las actrices toma el balde que han usado en la obra y se dispone a pasar “la gorra”, el nombre de una práctica relacionada con el arte callejero y que algunos grupos y salas independientes de Córdoba capital adoptan cada vez con mayor frecuencia.

La maquinaria del teatro se pone en marcha con arte, preparación, entrenamiento, pasión y dinero. El tema despierta polémica.

BUENOS DÍAS, CÓRDOBA. Pasar la gorra, ¿alivia o agrava la crisis?

OPINIÓN. Una claudicación
 
“Muchos están en contra porque consideran que después de la gorra, la gente no valora el trabajo de los artistas. Lo mismo se piensa con respecto a las funciones gratuitas en La Noche de los Teatros (aun cuando la Agencia Córdoba Cultura paga la función a los grupos). Es un mal hábito para el público que piensa que los espectáculos del teatro independiente deben ser gratuitos o baratos”, señala la actriz Josefina Rodríguez, en el doble rol de vocera de la Red de Salas Independientes de Córdoba y de Medida x Medida.

 

El teatro independiente se ha complejizado en cuanto a la producción, y por eso necesita otro flujo de dinero, más allá de subsidios o convocatorias especiales.

 

En MxM no se trabaja a la gorra salvo en eventos especiales o como estrategia en un mal momento. Por ejemplo, el Día del Trabajador. “Muchos ponemos precios fijos pero desplegamos estrategias de acuerdo a la obra, el grupo y la altura del mes. Coincidimos en que es una época difícil para llevar público a las salas. Veníamos con un buen promedio: 35 personas, y eso ha cambiado, ha bajado. En algunas funciones la gorra es efectiva porque se recauda bien. Hay que aclarar que esa plata también se rinde en Argentores”, dice Rodríguez.

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Saber vender

Pasar la gorra implica agitar, saber vender. Una vez que termina el espectáculo, hay que frenar, explicar, decir por qué la gorra, tratar de que con esa explicación la gente entienda la valoración del trabajo, poner un mínimo, teniendo en cuenta el precio fijo de las entradas.

“La idea es que la gente no se quede afuera, pero nosotros tenemos costos muy altos para mantener la sala abierta. Por otro lado, nos cuesta pasar la gorra. Cuesta pedir, da vergüenza. Prefiero poner un precio, prefiero el pacto previo, al posterior. Porque hay gente que valora el trabajo y otra, que evalúa si le gustó o no le gustó. No está bueno promover eso”, dice Josefina.

En la Red de Salas no hay una sola voz respecto del tema de la gorra. Cada sala maneja su criterio y acuerda con cada grupo. Puede ser una solución para tiempos complejos pero no la forma de cobrar entradas.

“Tenemos que trabajar con el público: hablar, difundir, explicar que vivimos de esto y la única forma de ingresos es que la gente vea nuestras obras, más allá de la satisfacción de que nos vean. Espacio Máscara, por ejemplo, es una sala estricta con los precios. Ellos implementan el 2x1, sorteos, promociones”.

Las salas promueven acciones para que la gente se sienta llamada y que no quede afuera porque no tiene plata. Pero es un dilema que incluye otros hábitos que encarecen la salida, como por ejemplo, tomar algo. “No soy partidaria de decir a la gente en qué tiene que gastar su plata”, señala Josefina.

Hay que saber vender. Mary Martín pasa la gorra al final de su “stand up”.

Hay que saber vender. Mary Martín pasa la gorra al final de su “stand up”.

 

Una estrategia inclusiva

Para Fernando Airaldo (La Chacarita), la gorra es una forma política de no dejar a nadie afuera. Tiene que ver con el concepto de arte igualitario. “El resultado depende del grupo y de su relación con el público. Es una estrategia para mantener vivo el teatro como respuesta a las formas de divertimento del neoliberalismo. Invitar al teatro, a ver arte y reflexionar, es la apuesta. Competimos con un medio adverso: cines, recitales de rock, espectáculos gratuitos”, señala el artista.

En tanto, Espacio Ramona eligió como política de sala hacer funciones a la gorra, no sólo para dar la posibilidad al que no tiene dinero suficiente sino también para que haya pluralidad de espectadores. “El que no tiene dinero es invitado. Al pasar la gorra hay empatía del público, se genera un ida y vuelta distinto. La gente agradece mucho cuando colabora y sabe que es partícipe directo del arte”, comenta Lana Molina.

“Con Las Pérez Correa elegimos trabajar a la gorra porque en realidad va más gente, convocamos más”, explica Julieta Daga. “Dicen ‘no tengo para pagar $ 150 la entrada, pero tengo $ 130 o $ 100’. Es más fácil que pongan lo que pueden gastar. Es una cuestión inclusiva. También vemos que es interesante pensar lo que sale un espectáculo que acaban de ver, valorar lo artístico. A veces, dicen que no pueden pagar la entrada, pero después de ver el espectáculo que les gustó mucho ponen el equivalente a la entrada o más dinero. Superamos la expectativa”. 

Para Daga, “a veces la gente no puede pagar y no se queda afuera. Cuando pedimos la gorra, hablamos, sin imposición, de la toma de conciencia con respecto al trabajo del artista. Empezamos a trabajar a la gorra a partir de las dificultades que hay desde la llegada del nuevo Gobierno. Nos parece que es una manera de aportar al momento. Cobramos o trabajamos a la gorra, vamos y venimos, siempre con la misma filosofía”, concluye. En Casa Grote, se implementó la gorra como una alternativa inclusiva para el Festival Clandestino. “Trajeron la idea los compañeros de Tres Tigres Teatro. Desterramos la palabra ‘colaboración’. Era un aporte de acuerdo a cómo había modificado la obra al espectador”, dice Toto López. El actor comenta que algunas obras a la gorra recaudaron un monto similar a la entrada. “Nosotros hicimos funciones con esa modalidad y no nos fue mal. Dejamos la cuestión librada al grupo que viene. Consideramos que es una buena alternativa siempre, más allá de estos tiempos que corren, de crisis. En la 

reunión de salas, cotejamos y hemos bajado el promedio de público. No tiene que ver con desinterés del público, sino, fundamentalmente, con la crisis que azota nuestras costas. De 35 a 40, a 25, 28 en el prorrateo anual. Las funciones tienen que ver con los grupos, de cómo se mueven para convocar”.

El Cuenco no trabaja habitualmente a la gorra. “Salvo excepciones, como en los festivales”, comenta Cokó Albarracín. “Hacemos promociones y mantenemos la reserva. Trabajamos casi el 80 por ciento de público con reserva. Tiene que ver con que la sala queda lejos (Alta Córdoba). La gorra no es la dinámica de la sala, aunque no estamos en contra”. El Cuenco mantiene buena cantidad de público, de miércoles a domingos, y a veces los viernes doble función. “Trabajamos mucho con la difusión por internet, y llegamos a otro público”, comenta la actriz.

Que no sea la norma

Nora Sommavilla considera que no establecería la gorra como norma para el teatro independiente. “Los valores de las entradas tienen que responder a las producciones, en todo sentido, y a varios ítems: la inversión económica, la cantidad de integrantes, la posibilidad en una cooperativa de dividir el dinero. Además, porque el público no debe confundir que como es teatro independiente puede fijar el precio a una obra. Sería contradictorio. Desde el mismo momento en que los artistas elegimos hacer un espectáculo, lo económico va en paralelo al diseño artístico. Recuerdo que hicimos una función de El cura, en el ciclo de la Semana de la Memoria y por eso fue a la gorra. Si estuviéramos subsidiados, podríamos pedir un pago voluntario. No todos los tiempos son iguales. La gorra representó un tiempo político superado. Aun en tiempos más negros que este, la dictadura, por ejemplo, nosotros cobramos entrada. Pienso que el precio de la entrada tiene que estar estipulado (platea, descuentos, estudiantes), ser directamente proporcional a los costos de una obra, y aun así no recuperamos el dinero”.

La Cochera no impone a sus grupos (Delincuentes, Los que Dijeron Oh! y demás) una política de precios o modalidad de cobro de entradas. “La decisión final es del grupo que realiza la obra. Los argumentos a favor y en contra del cobro a la gorra son muy diversos y en los mismos grupos que terminan decidiendo usar esta modalidad no siempre hay total acuerdo”, comenta Daniela Bossio.

En Espacio Urda, la gorra es siempre el fruto de una decisión conjunta. “Es una herramienta que tiene que ver con la accesibilidad: para que la gente pueda venir sin necesidad de tener todo el dinero para la entrada en la mano. En momentos de crisis como estos, por ahí empieza a surgir más esta modalidad”, comentan Santiago Bruzzone y Carolina Gallardo.

Fuente: Vos-La Voz

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